
Truffaut dice que no puede saber si una película es buena o mala cuando solamente la ha visto una vez. Es un cineasta excepcional y un crítico muy acertado, sensato y perspicaz. Un ejemplo de lo que digo: entiende mejor que muchos que el cine de serie B, con su popularidad y su efectismo comercial, esconde no pocas virtudes cinematográficas; las que aportan algunas películas de Alfred Hitchcock y la mayoría de Samuel Fuller. “Disparad contra el pianista” es un buen ejemplo, algo más que un simple guiño cinéfilo, de lo que digo.
Hace tiempo que, un poco hastiado de las decepciones del cine de estreno, decidí convalidar mis ansias cinéfilas con el rencuentro con un puñado de películas de hace varios o muchos años, pelis que, en su mayoría, ya había visto en alguno de los numerosos rincones de a doble sesión que frecuenté en mi juventud. El cine en casa ahora es más fácil que nunca. “No es lo mismo que la pantalla grande”, me dice un buen amigo. Es verdad, ahora estoy convencido de que es mejor.
No puedo decir que todas las películas que he revisitado me hayan gustado tanto o más que la primera vez. No sería cierto. Para no extenderme, he seleccionado tres con las que, por unas u otras razones, he experimentado el placer de El Cine.

1. JOHNNY GUITAR (Nicholas Ray). Considerado como un western crepuscular, cuenta con los buenos elementos del género, sin desmerecerlo. Johnny aparece (luego sabemos que re-aparece) en el salón de Viena, armado de una guitarra y un pasado del que no quiere acordarse. Dicen que todo hombre tiene un precio, y toda mujer un pasado. Aquí es al revés. Dos mujeres que se odian y un muerto antes del primer disparo. Hay una historia que se escurre entre los cortinajes de los escenarios, en unos diálogos secos y a veces broncos, especulando con una tensión que se rompe solo con los estallidos de la dinamita en la cantera próxima. Es un western sin apenas exteriores, solo el rojo de la camisa de Sterling Hayden y el negro del traje de la Crawford. El baile en el salón vacío y clausurado es una escena magistral. “Dime que siempre me has esperado, Johnny. Miénteme”.

2. JULIA (Fred Zinnemann). Lillian (Joan Fonda) es una escritora que ambiciona el éxito, del que no sabe disponer ni disfrutar sin la presencia de su marido y su amiga de la infancia, Julia (Vanesa Redgrave). Elementos de trhiller para una puesta en escena de época cuidadísima: la desaparición, la búsqueda, una organización clandestina, el éxito que naufraga en una Europa que hace aguas durante el nazismo. Un viaje en tren desconcertante, largo y tenso, en el que la viajera desconoce todo lo que le está pasando con esa torpeza del que juega a ser ingenuo. Zinnemann ha hecho películas perfectas, como “Solo ante el peligro” y “Un hombre para la eternidad” y otras simplemente espléndidas. Memorable la escena en que la Fonda intenta encender un cigarrillo sentada en la playa y apoyada en una cimbreante e inservible valla de maderas.

3. LA DALIA AZUL (George Marshal). Confieso mi pasión casi enfermiza por el cine policiaco de los 40s y 50s. Tanto más cuanto que aceptaré sin aspavientos toda sorpresa o crítica mordaz ante la elección de una película tan imperfecta. Un Raymond Chandler con prisas resulta el paradigma del desafuero: dialogos chispeantes de ironia y reproche (“le sientan muy mal las manchas de carmín al cuello de su camisa”) en un argumento deslavazado y a ratos inverosímil. Además, con ser una pareja icónica, Ladd y la Lake (guapos, exitosos, alcohólicos y enfermos mentales) no dan la talla aquí. Y sin embargo hay escenas impresionantes como la paliza y el secuestro de él. Y toda la película exhala un perfume de negritud embriagador. Algo parecido me ha ocurrido con FORAJIDOS (la mejor Ava Gardner en un clásico de Hemingway, The Killers),
GARDENIA AZUL (guapisima la Baxter en un sobrio y duro film de Fritz Lang) y LA NOCHE Y LA CUIDAD (imponente Richard Wirdmark huyendo de su sombra por los bajos de la cuidad en busca de la perfecta Gene Tierny, más guapa que Laura, dirigidos por Jules Dassin).
Espero sus propuestas. Blackmail.