viernes, 30 de noviembre de 2007

The Odk´s Literary Review

Vuelve el Hombre


Un día de cólera": el retorno de AP Reverte con una novela histórica ambientada en los días de ruido y furía del alzamiento español contra la invasión gabacha: el libro que los españoles estábamos esperando. Con el pulso galdosiano y el espíritu de Baroja, Reverte regala a España y a sus grandes superficies una nueva entrega de sus episodios nacionales. La documentación más meticulosa, una imaginación desbordante, una narración poderosa. Eso y más en “Un día de furia”.
Alfaguara. 480 páginas. 25 € de vellón. [Descuento de 3 € si lo compra junto a “Tierra Firme” de Matilde Asensi en su hiper más cercano].
Here cames your man, Spain.


Gelman Cervantes


Juan Gelman. Poeta. 1930. Buenos Aires. Violín y otras cuestiones (1956), Gotán (1962), Cólera buey (1964), Dibaxu (1994) o País que fue será (2004).
¿Vos oíste flaco?

LA MUCHACHA DEL BALCÓN

La tarde bajaba por esa calle junto al puerto
Con paso lento, balanceándose, llena de olor,
Las viejas casas palidecen en tardes como ésta,
Nunca es mayor su harapienta melancolía
Ni andan más tristes de paredes,
En las profundas escaleras brillan fosforescencias como de mar,
ojos muertos tal vez que miran a la tarde como si recordaran,
eran las seis, una dulzura detenía a los desconocidos,
una dulzura como de labios de la tarde, carnal,
carnal,
los rostros se ponen suaves en tardes como ésta,
arden con una especie de niñez
contra la oscuridad, el vaho de los dancings.

Esa dulzura era como si cada uno recordara a una mujer
Sus muslos abrazados, la cabeza en su vientre,
El silencio de los desconocidos
Era un oleaje en medio de la calle
Con rodillas y rostros de ternura chocando
Contra el "New Inn", las puertas, los umbrales de color abandono.

Hasta que la muchacha se asomó al balcón
de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la cama deshecha
donde todos creyeron haberla amado alguna vez
antes de que viniera el olvido.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Dos Familias


Aunque conocía a Vidal, el médico, desde hacía varios años, la verdad es que nunca había cruzado más de cinco palabras seguidas con él. Me observaba con curiosidad mientras ultimaba mi vendaje. Yo no me atrevía a mirarle directamente, y fijaba mi atención en las densas gotas de sangre que se iban amontonando sobre el suelo de terrazo bermejo del dispensario. Al fin, se decidió a hablarme.

- ¿Cuánto tiempo llevan vuestras familias así?

- No sabría decirle. – repuse. – Años. Muchos. Toda mi vida, por supuesto, así como la de mi padre y la de mi abuelo.

- ¿Y por qué, si puede saberse?

- Es una historia muy larga.

- Tenemos tiempo, no podrá ni moverse hasta que no le hagan efecto los analgésicos. Y le recuerdo que la pareja de la Guardia Civil le espera en la puerta.

- Y a Jacinto, el enterrador.

- No. Siento desilusionarle, pero sólo lo ha malherido. Lo van a llevar al Hospital Provincial, sanará, casi seguro. Ande, cuénteme.

Y lo hice. Una historia muy larga, sí, pero con un origen muy claro. Hace más de cien años, a mi bisabuelo Juan Gómez se le murió el amigo del alma y de la infancia: Pedro Bernáldez. Fue un hermoso velorio, con el ataúd levantado a guisa de catafalco y cuatro enormes velones teñidos de cruces rojas que dotaban de realidad a la irrealidad de la muerte. La viuda de Bernáldez, sus hijas e innumerables vecinas rezaban el rosario, intercalando susurrantes avemarías y ayes a gritos. Los dos hijos del finado y mi bisabuelo, con los demás hombres del pueblo, bebían anís y fumaban sus pitillos en la puerta de la calle. Cuando el frío se hizo insoportable, Juan Gómez decidió entrar a dar un último adiós a su amigo Pedro. El calor del interior y el olor a podredumbre de las flores se agolparon en la sangre que llenó los vasos de sus pómulos. Se quitó la gorra y la manejó torpemente entre sus manos, sin saber muy bien que decir. Las mujeres le miraban, pero eso no era nada comparado con la no mirada del cadáver. Mi bisabuelo se acercó a la viuda e intentó unas palabras de consuelo, pero que fueron la clave de una ruina centenaria.

- María, Pedro te quería mucho, ¿sabes? Me decía a menudo que era el hombre más afortunado del mundo: de joven, lo hacía con las vacas, las cabras y con las putas del bar de la Carretera General, después, ya casado, dejó las putas.

Tres generaciones después, aún se escuchaban los tiros. Vidal, el médico, se quedó mirando la ventana meneando tristemente la cabeza. No hizo ningún comentario. Decidí acabar yo.

- Mi bisabuelo lleva muerto por mano de un Bernáldez más de 70 años, él y más de treinta de cada familia. ¿Y sabe lo peor de todo? Que en nochebuena, en cada una de las dos casas, la de los Bernáldez y la nuestra, la de los Gómez, se cuenta el origen de todo y hay risas a patadas. Lo de las cabras, ¿sabe?, no lo de las putas. Pero el veinticinco, tras la comida de Navidad, volvemos a cargar las escopetas. Ande, llame a la pareja.

José L. Muñoz, 2007

La edad sexta: decadencia y crepúsculo del mito


Desde el cabo Drépano

Desde la arenosa orilla del cabo Drépano, mientras se tiñe de rojo el cielo de levante y una brisa cálida ventea mi cara, desde el borde del mar, un pedazo de su carne castrada aun sangra en mi mano.

Padre: ahora agonizas empapado y exangüe sobre el lecho donde mis hermanos y yo te sorprendimos en el sueño cual crueles titanes.
Las palabras de nuestra madre, el verbo y sus labios, me sedujeron.
Y tu ferocidad, tu infinita fuerza, tu justo desprecio.
La firme ternura materna reposando en sus manos, las mismas que sostenían una hoz de pedernal tallado.
Tómala, me dijo.

Abandoné el dormitorio donde mi padre aullaba de dolor, con sus genitales lacerados en mi mano derecha, como la cabeza cortada de un gigante.
Mi madre sonreía sentada en el lecho.
Le mostré su trofeo.
Tres gotas de sangre salpicaron su tenue camisón.
Ahora vete, me dijo.

Lanzo lo más lejos posible este despojo que alimentará a las alimañas marinas.
Un cuervo revolotea en torno a mí.
Ha olido la muerte.
Arrojo también al mar la dentada hoz de piedra.
Aun quedan restos de sangre: las gotas empapan la arena.

En ellas está la venganza.

Howth

A Agustín Lozano de la Cruz

Y allí seguiremos por siempre

Junto al islote con faz de felino

De cuya boca emerge un arco iris,

Tocados por los dedos de un sol triste,

Con un deje a salitre entre los labios

Y el pulso frío en las entrañas.


Los inexplicables avatares de Yeats

Tutelan la conversación

-Cómo un alma tan bella

Vistió la camisa fascista-

Mientras los pasos nos llevan a un promontorio

Donde distinguir los azules del azul.


Allí, en ese momento, nos quedaremos:

El cielo limpio embozándose en sombras,

La cámara plasmando el sentimiento

Y la mirada inundada de lo que no cesa.


De repente, cristales de aguanieve

Arañan con sus filos los rostros.

La luz da lento paso a la tiniebla.

El aliento del norte, gris y lánguido,

Reclama el paisaje de la mañana.

Un pálpito negro, un silencio de trueno

Toma cuerpo frente al espectador.


¿Volver?

¿Por qué no desandar los pasos?

A pocos metros nos espera el pub,

Su fuego grato, el sabor amable de la pinta.

La civilización requiere a su manada.


Pero hay embrujo en la tormenta

Hay una danza de antiguos titanes,

Destrucción creadora, sublime informe.

El viento arrecia y la nieve es ya cortina.

Nosotros permanecemos frente a la nada.


Justo entonces, en ese instante: Ahí somos.

En el olvido del pasado y del futuro.

En el presente del mundo, en su devastación,

El arte que será cuando no estemos.


¿Es la belleza que nos hace temerarios?

¿O son esos dioses que nos dan a probar

El tentador veneno de su drama?

El aire lucha por robarnos del suelo,

Quiere ofrecernos a los hijos de la mar.


Entonces recordamos:

Hay compañeros con los que compartir palabras,

Alguna amiga que anhela nuestro calor

Y versos sueltos por ordenar.


Lentamente retrocedemos.

No es tiempo de bailar la voz de las sirenas.

Quizás mañana.

Nietzscheana

No luches con palabras

O te convertirás en palabra.

Y si miras a la poesía

La poesía te devolverá la mirada.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Perlas I

Izzi, M., "Diccionario Ilustrado de los Monstruos"

Los antiguos europeos creían que la barnacla (Linneo, anser bernicla) era un "pato vegetal", pues pensaban que nacía de las lapas, moluscos bivalvos con pedúnculo Lepas Anatífera que crecen en los troncos a la deriva. Esta creencia llegó a justificar, incluso, que la barnacla no "contara" a la hora de no comer carne los viernes de cuaresma.

JL Muñoz

sábado, 24 de noviembre de 2007

Neuromante, a estas alturas


Acabo de leer Neuromante, diez años después de tiempo (como casi siempre). Recuerdo cuando leí entonces, en aquellos primeros Babelia que devoraba con anhelo, sobre la proclamada "biblia del movimiento cyberpunk"... Hoy día, con algunas lecturas más a mis espaldas, me pregunto si hay para tanto, pero lo que es indudable para cualquiera es el carácter visionario del libro de Gibson.

Hay una leyenda urbana sobre la ininteligibilidad de esta novela, que se atribuye sobre todo a la traducción española (hecha por unos Arconada & Ferreira que la leyenda quiere jóvenes informáticos con pocas o ninguna ínfula literaria, a quienes se les cruza en el camino una tarea imposible que los condena a desaparecer tras esta traducción en un agujero del ciberespacio). Otras teorías apuntan a la impericia de un joven Gibson, o a la búsqueda de un estilo "ciberpoético". Lo cierto es que entre la abstrusa narración, llena de surrealismo voluntario (o no), exotismos ambientales, fetiches anacrónicos y cacharrería futurista y ya polvorienta, se desprende un "algo" que uno no sabe si es mérito o azar, obstáculo o estilo (palabra en adelante clave para el movimiento cyberpunk), pero que resulta fascinante.

Neuromante "es" un mundo nuevo, y como tal ha de resultar extraño y desapacible como ese cielo "del color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto". La mezcla casi consanguínea de lo virtual y lo real da vida a una mitología nueva, un espacio liberador y sin barreras del que Gibson, en un final nada disimuladamente extático, nos insinúa apenas las líneas maestras, toda una geografía por explorar. Al fondo el anhelo de siempre, la inmortalidad, en ese territorio hecho de silicio y sueños, tan permeable a la metafísica, habitado por fantasmas que se agazapan en los rincones vectoriales y apenas texturados de un ciberespacio que ya nos queda añejo.

El tono noir es lo de menos, algo logrado sólo a medias, asesinato imposible incluido. Los personajes son adecuadamente antipáticos, tan "muerte del afecto" que acabas queriéndolos sin remedio. La novela "se habita", y resulta doblemente difícil salir de dentro (al fin y al cabo hay dos espacios de los que escapar, el real y el virtual). Después de Neuromante, Matrix parece (aún) menos original.

Poco importa, pienso diez años después, que el enemigo no compareciera. Cuando nos preparábamos para combatir el futuro, guerrilleros de aula universitaria, Neuromante y todos sus hijos (la mayoría bastardos) nos avisaban del mundo en que viviríamos, urgiéndonos a la acción, a levantar barricadas contra esa ciber-invasión que se nos avecinaba. Hoy la tranquila vida de la provincia sigue pareciendo tan acartonada como siempre, y un halo de decepción se respira entre los restos desperdigados de la tropa, que olisqueamos el aire como a la espera aún de ese fin del mundo (ese apocalipsis digital, tan temido y anhelado) que le daría un sentido a nuestros miedos.

No importa, digo. Lo que importa, y en ese sentido leer Neuromante a estas alturas adquiere otra dimensión, es recordar al enemigo que se recortaba en el horizonte. Como dicen los delfines en Hyperion (el de Simmons, no el de Keats) cuando se les pregunta qué echan a faltar en ese idílico mundo futuro de islas paradisiacas que habitan: extrañamos Tiburón.

Neuromante, como todas las buenas novelas de ciencia-ficción, está plagada de tiburones.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Jay-Jay Johanson: The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known


Hay una canción que revolotea incesantemente por mi cabeza durante las últimas semanas. Su título: "Only for You". El autor: Jay-Jay Johanson.

La primera vez que oí hablar de este sueco fue a mediados de los años 90. Era la época del trip hop, cuando reinaban grupos como Portishead, Massive Attack o el mefistofélico Tricky. Jay-Jay Johanson se encuadraba en la linea de Portishead. Utilizaba bases de hip-hop a las que añadía scratches y sonidos de películas de espías, acercándose más en lo vocal a los crooners de los años 50 que al rap o al soul de sus coetáneos. Jay-Jay era un dandy que cantaba al (des)amor en una generación de chicos macarras y mujeres fatales que fumaban marihuana sin parar y parecían al borde del suicidio emocional.

El final de los 90 fue duro para Jay-Jay. Su crisis creativa lo llevó a reencarnarse en otras vidas artísticas sin mucho éxito. Prueba de ello son las malas críticas que recibió por "Atenna" (2002), disco en el que intentó sumarse a la ola de música de baile frivolona que nos torturó a principios de la década.

Con "The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known" (2007) vuelve al sonido que lo hizo destacar de entre sus iguales. A pesar de ser un disco que podría haberse grabado en 1996, la elegancia de su sonido, la sensibilidad melancólica que trasmite y esmerado cuidado vocal de Jay-Jay nos hace olvidarnos de modas, tendencias y fechas. Jay-Jay es perfecto para pasear por París, escribir cartas que nunca enviaremos o simplemente enamorarnos.

Tres canciones que no hay que pasar por alto de este disco: "Coffin", "Only for You" y "New Years Eve".

A estas alturas es raro encontrar discos que te emocionen tras dos escuchas. Con "The Long..." llevo unas diez y aún quiero más.

Jay-Jay Johanson. "The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known"

Instrucciones de uso

Nueva aventura de la Factoría ODK.

Esta vez la propuesta es la siguiente: Llevar la tertulia clásica del jueves al terreno virtual. En este nuevo blog cabe cualquiera de los comentarios que se harían frente a una mesita de mármol con una cerveza de por medio. Es un sitio propicio para las reseñas de las últimas lecturas que estamos realizando, pero también hay cabida para la creación y la crítica literaria. No se le harán ascos tampoco a las reseñas musicales, cinematográficas y artísticas. Sólo dos temas quedan terminantemente prohibidos: política y religión.

Especificadas las reglas del juego, esperamos vuestras colaboraciones.

Un saludo para todos los participantes.

Factoría ODK