lunes, 26 de noviembre de 2007

Dos Familias


Aunque conocía a Vidal, el médico, desde hacía varios años, la verdad es que nunca había cruzado más de cinco palabras seguidas con él. Me observaba con curiosidad mientras ultimaba mi vendaje. Yo no me atrevía a mirarle directamente, y fijaba mi atención en las densas gotas de sangre que se iban amontonando sobre el suelo de terrazo bermejo del dispensario. Al fin, se decidió a hablarme.

- ¿Cuánto tiempo llevan vuestras familias así?

- No sabría decirle. – repuse. – Años. Muchos. Toda mi vida, por supuesto, así como la de mi padre y la de mi abuelo.

- ¿Y por qué, si puede saberse?

- Es una historia muy larga.

- Tenemos tiempo, no podrá ni moverse hasta que no le hagan efecto los analgésicos. Y le recuerdo que la pareja de la Guardia Civil le espera en la puerta.

- Y a Jacinto, el enterrador.

- No. Siento desilusionarle, pero sólo lo ha malherido. Lo van a llevar al Hospital Provincial, sanará, casi seguro. Ande, cuénteme.

Y lo hice. Una historia muy larga, sí, pero con un origen muy claro. Hace más de cien años, a mi bisabuelo Juan Gómez se le murió el amigo del alma y de la infancia: Pedro Bernáldez. Fue un hermoso velorio, con el ataúd levantado a guisa de catafalco y cuatro enormes velones teñidos de cruces rojas que dotaban de realidad a la irrealidad de la muerte. La viuda de Bernáldez, sus hijas e innumerables vecinas rezaban el rosario, intercalando susurrantes avemarías y ayes a gritos. Los dos hijos del finado y mi bisabuelo, con los demás hombres del pueblo, bebían anís y fumaban sus pitillos en la puerta de la calle. Cuando el frío se hizo insoportable, Juan Gómez decidió entrar a dar un último adiós a su amigo Pedro. El calor del interior y el olor a podredumbre de las flores se agolparon en la sangre que llenó los vasos de sus pómulos. Se quitó la gorra y la manejó torpemente entre sus manos, sin saber muy bien que decir. Las mujeres le miraban, pero eso no era nada comparado con la no mirada del cadáver. Mi bisabuelo se acercó a la viuda e intentó unas palabras de consuelo, pero que fueron la clave de una ruina centenaria.

- María, Pedro te quería mucho, ¿sabes? Me decía a menudo que era el hombre más afortunado del mundo: de joven, lo hacía con las vacas, las cabras y con las putas del bar de la Carretera General, después, ya casado, dejó las putas.

Tres generaciones después, aún se escuchaban los tiros. Vidal, el médico, se quedó mirando la ventana meneando tristemente la cabeza. No hizo ningún comentario. Decidí acabar yo.

- Mi bisabuelo lleva muerto por mano de un Bernáldez más de 70 años, él y más de treinta de cada familia. ¿Y sabe lo peor de todo? Que en nochebuena, en cada una de las dos casas, la de los Bernáldez y la nuestra, la de los Gómez, se cuenta el origen de todo y hay risas a patadas. Lo de las cabras, ¿sabe?, no lo de las putas. Pero el veinticinco, tras la comida de Navidad, volvemos a cargar las escopetas. Ande, llame a la pareja.

José L. Muñoz, 2007

12 comentarios:

L Malaletra dijo...

¿Que esconde el reverso de la medalla de un Jano bifronte?
Se acumula el sentido (doble) del doble rostro que no puede mirarse a los ojos.

Desde este relato, en la más pura tradición muñociana con un toque a lo puertourraco, recomiendo "Las caras de la medalla" de Cortazar.

Jano es dios de los principios y los finales: apropiado para tutelarte un cuento de logrado final.

klyendhar dijo...

La franqueza que caracteriza a la gente de los pueblos de la España profunda normalmente siempre es fuente de gresca, y a veces se lleva la cosa hasta límites insospechados, en la vida real y en la literaria. Nadie sabe aún donde están los límites.
Tengo una amiga que aún no se acostumbra. Cuando vamos al pueblo, alguien siempre le dice: Parece que estás más gorda, no? o por el contrario, uy, parece que estás más flaca, come más...
Enhorabuena, jl, creo que has captado a la perfección ese espíritu.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Esa "franqueza" en lo rural es en muchas ocasiones algo más: etiquetemos con "mala leche" lo que se disfraza de franqueza.

Pero no era eso de lo que en esencia quería yo hablar en el relato. Me interesaba mucho más el tema del rencor y la culpa compartida: el hacer las cosas porque hay que hacerlas, sin más ni más. Y cómo de una gilipoyez algunos hacen una guerra. Pon mi relato o pon quién reza en qué sitio, o pon quién dijo o dejó de decir. Que las bolas de nieve crecen al rodar, es algo sabido. Lo difícil es no montarse en una cuando te atrapa.

El personaje con el que me identifico es el médico: ve la enfermedad, pero no sabe curarla, se resigna. El protagonista ve también la enfermedad, pero ni puede, ni quiere curarla.

Rebis Dos Mil Siete dijo...

¡Muy bueno, José Luis! A pesar de que ya lo había leído (creo que me lo mandaste por e-mail), he vuelto a disfrutarlo. Tiene ese toque de humor brutal que caracteriza a algunos de tus mejores relatos. A parte, toca acertadamente el tema de la España eterna y cainita, pero desde una perspectiva desenfadada. ¡Ójala se superen de una vez por todas estos clichés y queden únicamente como recuerdos histórico-literarios!

klyendhar dijo...

Como sabes, no me gustan mucho las etiquetas... Por eso hablo de límites que traspasan la franqueza. LLámalo mala leche, si quieres, no sé... He leído tu relato desde un punto de vista más relajado, pues más que nada me ha parecido cuestión de humor negro.
Así eso que tú llamas "rencor" y "culpa compartida" yo lo veo como "absurdidez" y "cabezonería sumada al orgullo rancio", "me da igual el motivo por el que se originara todo esto, yo no me bajo del burro si los otros no lo hacen antes". Lo de liarse a tiros para mí es ya una cuestión de enfermedad mental, y no quería enfocarlo desde ese punto de vista, esta mañana estaba de buen humor.
La verdad, no me identifico ni con el médico ni con el parroquiano, es algo que se me escapa, no puedo comprenderlo.
Resumiendo, mi lectura del texto ha sido distinta y ha ido por otros derroteros.

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Lo siento pero no me convence el desenlace, demasiado estrambótico.. una cosa es que los descendientes de ambas familias sean incapaces de romper la espiral de su enfrentamiento, y otra que se rían de la anécdota para acto seguido matarse a causa de ella. Eso no me parece nada verosímil, y entiendo que el relato pretende serlo, al menos en la medida en que se basa en algo que sabemos que es o ha sido frecuente en nuestro país (me refiero a lo de las rencillas a lo "Left Brothers", no a los gustos caprinos, aunque me temo que también).

Pero hasta el desenlace todo bien, no cuesta nada imaginarse hasta la buena intención del bisabuelo al perpetrar tamaña torpeza (hay que ver la cantidad de barbaridades que se cometen camufladas bajo buenas intenciones, o franqueza, efectivamente).

José L. Muñoz Expósito dijo...

A Klyendar: la lectura es libre, las interpretaciones infinitas, nada que objetar.

A Agustín: creo que la verosimilitud del relato es cuestion de fe. Me refiero a que yo emito una clara opinión sobre cómo funcionan este tipo de rencillas, porque mi experiencia en lo rural (amplia y constatable) así me lo ha demostrado. Otra cosa muy distinta, y muy respetable, por cierto, es que los demás no compartan mis hipótesis.

Lo ideológico que subyace en el relato es que - más allá de políticas, por supuesto - lo peor en estos casos es el mal de grupo, el sostenimiento del clan, el apoyarse en lo ya hecho para no sentir el vértigo de la incertidumbre.

Que las familias se rían por la anécdota pero sigan matándose quiere significar que el origen da igual, lo que importa es que la bola de nieve sigue rodando, inmensa, y no se puede/quiere parar.

L Malaletra dijo...

Liarse a tiros no tiene nada que ver con la enfermedad mental.

Procuremos no alimentar estereotipos, para eso estan los medios de ocio masivos y la prensa.

klyendhar dijo...

Era una forma de hablar. Lo siento, pero quien me conozca sabrá que no hay que tomarse ciertos comentarios míos en sentido literal.
De hecho, estoy relajada y tranquila, comentando las entradas como las comentaría en el latino delante de un tercio de mahou. Para mí de eso se trata, ahí radica la magia de este juego. Así que lo siento, no quisiera ofender susceptibilidades, pero mis comentarios seguirán yendo por esta línea.
Insisto, quien me conozca, es dificil que los interprete mal.

L Malaletra dijo...

"Lo de liarse a tiros para mí es ya una cuestión de enfermedad mental" - comenta Klyendhar...

/// esto es - más allá de la interpretación o no de las palabras, de la voluntad que las anime- un cliché social ("una forma de hablar", dice Klyendhar.) ///

"no quisiera ofender susceptibilidades, pero mis comentarios seguirán yendo por esta línea" insiste Klyendhar...

///esto es -más allá de que sepamos quien y cómo eres, de que sigas relajada y tranquila- pura tozudez discursiva///

/// yo también, relajado y tranquilo, haciendo garabatos en los cercos de espuma de cerveza dibujados en la mesa, opino que es interesante analizar -más allá de quien las emita- las "formas de hablar" que en ocasiones sufren la contaminación de conceptos estereotipados.

las palabras gastadas que denuncian los poetas, las palabras que impiden la revolución -según Cortazar-.

Anónimo dijo...

"el calor del interior y el olor a podredumbre de las flores se agolparon en la sangre que llenó los vasos de sus pómulos...."

Un médico no puede parar eso...

La falta: señalar lo íncomodo del otro...peor aún si ya está muerto, recreándose en el silencio que hace sublime su recuerdo.
Juan Gómez descoloca torpemente el "mito" familiar y enciende vanidades que permaneceran eternamente heridas.
Con nuestros "mitos" nos reímos, para también matamos. Propiedad privada.

klyendhar dijo...

Bueno va...
Entre dos, no hay debates ni discusiones si uno no quiere.
Y me vas a disculpar, pero no quiero entrar en tu línea discursiva, aunque califiques la mía de tozuda.
Verás, en anteriores ocasiones hemos visto un millar de veces enfrentamientos entre los comentaristas entrando en el terreno de lo personal. En otras tantas he tenido que disculparme por comentarios emitidos que se han interpretado de manera errónea,no pensando yo realmente que tuviera que disculparme en modo alguno, haciéndolo únicamente por no generar fuentes de conflicto y por conciliar posturas.
Ya estoy cansada de ese juego, lo siento, puedes entrecomillarme todo lo que quieras, yo opino que no es interesante analizar la forma de hablar de un comentarista, diseccionar sus opiniones, porque entonces pierden frescura y naturalidad y pasan a ser comentarios encorsetados, no quisiera pensarme dos veces qué escribir y de qué forma antes de colgar un post, por temor a que se me acuse de caer en estereotipos.
Analizemos los textos de las entradas, dejemos para ellos los bisturíes, en un terreno estrictamente literario, que para eso están, juguemos a compartir con los demás opiniones y pensamientos, sin bisturíes.
Es mi propuesta.
En lo que respecta a mí, y por favor, espero ser respetada en ese sentido, si discrepo con alguna línea argumental, mis comentarios nunca van a ir en contra de los comentaristas, sólo demostraré mi desacuerdo con las opiniones que no comparta, sin denostarlas, y sin denostar al comentarista, por supuesto.
Me siento muy cómoda charlando con vosotros, y espero que siga siendo así. Desde ya os garantizo que mis opiniones serán siempre respetuosas para con todos.
Un abrazo.