
Ha sido una tarde apacible, de fiesta sin festejo, la expectación de ver reunidos a dos pesos pesados de las letras esquivos al oropel: Juan Goitysolo y Orham Pamuk. El título, tan simple como difuso, La Ciudad. El contexto, las relaciones Turquía-España. Podría resumirlo, sin tanta pirotecnia, en Lo Turco: lo extraño, lo infiel, lo del otro lado.
Tras una tan aletargante como innecesaria presentación, JG y OP hablan de lo que saben, de literatura, de ciudades literarias, de la ciudad de la literatura. Ambos coinciden en el placer del descubrimiento paseante, apátrida y desplazado. Ambos son flanneurs, que gustan de medinear, estambulear, y rehuyen lo flamígero y cenital. Se recuerda a W. Benjamin que consideraba que perderse en las ciudades requiere educación y esfuerzo. Y las crónicas parisinas de Baudelaire, el nuevo paisaje del hombre de la multitud. Y los asombrosos descubrimientos de Benjamin sobre Baudelaire y sus ciudades.
Coinciden en el gusto por la construcción y la deconstrucción de la materia, en la lectura personal de las ciudades palimpsesto, esas que se escriben sobre un pasado que perdura y las moldea. Sin ejes cartesianos, se trata de una exploración subjetiva, pero en la que no caben el desprecio ni el olvido.
Orham Pamuk.
El paseante asigna rincones y materiales de su ciudad (a menudo de deshecho) a rincones de su memoria, emociones y experiencias. Es importante usar el contrapicado, deshabitar la calle. La visión del un outsider habilita el acceso a esas parcelas de gozo y dolor con resultados mínimamente satisfactorios. Pero las ciudades no son seres vivos, eso solo es mala literatura. Más bien es la vida la que se mueve en los interiores, las alcobas, los camastros, lo que se dice y queda oculto. El secreto al que sólo se accede mediante la imaginación. No he leído su libro sobre Estambul, su Estambul.
Juan Goytisolo.
Existen dos tipos de ciudades: las que ya están hechas y son perfectas, y las que se hacen y deshacen para rehacerse. Entre las primeras, el Paris de la arquitectura espléndida y las grandes avenidas (hechas así para poder sofocar militarmente cualquier revuelta popular, para la ciudad perdurable). Entre las segundas, Estambul, Berlin, El Cairo, el Sentier. Sólo entiende el porvenir de las ciudades en la mezcla enriquecedora, la contaminación de las palabras y los aromas de las cocinas. Ensuciarse mutuamente para consagrar la alianza de los valores. Celebra la exhibición pública, la expresión sonora, el ruido, la contaminación. Bendice las puertas abiertas, el café turco.
Me gustaría que me gustaran todas estas ciudades. Luego hemos vuelto a casa.
5 comentarios:
Usted me ha recordado una maravillosa noche, casi de verano, en el jardín de la biblioteca de Extremadura.
Juan Goytisolo y Jose María Ridao dibujaban lineas de historia entre las orillas del Mediterraneo.
Desenmascarando identidades para convocar a un encuentro anónimo en claves de literatura y de palabra escrita.
La Historia y su memoria moldean sus ciudades: Paris soberbia y triunfante... Berlín fantasma de perfil carcomido por proyectiles mudos... Turquía eslabón frágil de extraña aleación.
No conozco Turquía, sólo puedo describir que de París uno viene hinchado y en Berlín algo se desinfla.
Decir que Estambul es la encrucijada de dos mundos (o más, tantos como nombres tiene: Bizancio, Constantinopla..) es una perogrullada, pero no por ello menos cierto. Hay una ciudad caótica, que vive en la calle y el bazar; otra europea y lujosa de chalets que besan el mar. Hay en Estambul una Roma que hubiera sido dos veces saqueada, y un imperio que desea ser invadido.
Mientras los escritores se encuentran, Europa no tiende la mano (podrían tomarnos el brazo), Turquía ataca Babilonia y expulsa a su Nobel... en fin, siempre nos quedará la literatura (y la inflación de París).
Dos buenas noticias:
1. la recuperación de fuego fatuo
2. una crónica sobre Goytisolo - Pamuk, ciudades y flanneurs
Quizás en la colección de flanneurs célebres faltan los "paseantes desde la ventana", de entre los que destacaría a tres insignes escritores:
Fernando Pessoa
Kafka
Julio Abelenda
Tambien existe una geometría que se dibuja desde el alfeizar, una carografía de los espacios que se ocultan tras las esquinas.
Saludos fauto
El mejor flanneur de todos, el paradigma, es el personaje del relato cortaziano Continuidad de los Parques: aquel que lo es sin levantarse del sillón de terciopelo verde, ese en donde estoy sentado yo ahora mismo escribiendo sobre los flanneurs.
Gracias, Fuegofatuo, por esta pequeña pero sabrosa crónica sobre literatura, ciudades con encanto y paseantes célebres. En una tarde de guardia y, además, de domingo, tu texto se convierte en una puerta abierta que conduce a otro presente posible mucho más hermoso e intenso.
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