lunes, 21 de abril de 2008

De Animae Bestiarum, Tercera Época, XXIII

XXIII EL TIGRE DE LA INDECISIÓN

Era acostumbrado que los hijos de los nobles alejandrinos aprendieran la gramática escuchando y copiando las historias de los viejos papiros guardados de la podredumbre por sus venerables maestros. Uno de los más influyentes grecojudíos en tiempos de los ptolomeos dejó escritas algunas de las leyendas que aprendió de niño, aunque la mayoría de los escoliastas señalan cuánto añadió de su propia cosecha. Destaca el texto que narra las visicitudes de los caravaneros que arribaban a Petra trayendo fuego, misterios y bellas esclavas. Contaban que existe en las selvas de los hindúes un animal hecho de silencios, rayado a fuego por los dioses crueles, con dientes infectos que cuelgan de su fiero rostro. Pecados de especie que nadie conoce han condenado a este tigre a vagar con hambre insatisfecha, rodeado de una espesura tan rica en alimento que no acierta a decidir a quien matar. Cuando el hambre es tan grande que resuelve que toda víctima es apetecible, ya no tiene fuerzas para cazar, y muere. Su piel semidescompuesta y sucia sirve de escondrijo a sabandijas y serpientes.

J L Muñoz Expósito, abril 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

Las chicas perdidas


Acaba de publicarse en España la última obra del genio del cómic Alan Moore, y no parece que tenga mucho que ver con sus trabajos anteriores: "Las chicas perdidas" es una novela gráfica "X", o sea erótica, o sea porno, la etiqueta es lo de menos. Lo interesante es el dibujo, obra de su mujer Melinda y con influencias de artistas como Klimt, y el argumento: las chicas perdidas son las ya adultas protagonistas de Alicia en el País de las Maravillas, El mago de Oz y Peter Pan. Alicia, Dorothy y Wendy se conocen y reflexionan sobre las aventuras de la infancia, en las que según parece muchos han querido ver fuertes simbolismos sexuales. Desde luego no es la primera vez que los cuentos populares son interpretados como ritos de iniciación al sexo, véase por ejemplo "En compañía de lobos", dirigida hábilmente por Neil Jordan en los ochenta.


Más en El País

domingo, 6 de abril de 2008

De Animae Bestiarum, Tercera Época, XXII

XXII DEL ROSAL DE LA TIMIDEZ

En el Herbolario Clunaciense están consignadas las cinco mil subespecies de la rosa europea. La más curiosa sea acaso la Rosa Escondida de las florestas de Frigia. Es una planta leñosa pero pequeña, de crecimiento rápido y florecimientos fugaces, nocturna, oscura, encogida, invernal. Sus espinas son blandas y sencillas, negras y falaces. Adolece de fototropismo negativo y gusta de esconderse bajo los recios abetos cuajados de nieve, todo lo cual explica su pequeñez y fragilidad. Su primavera es el invierno de las demás plantas, pues florece con la primera helada y su flor no tiene una coloración definida; posee las capacidades miméticas del camaleón.


José L. Muñoz Expósito, abril 2008

jueves, 3 de abril de 2008

De Animae Bestiarum, Tercera Época, XXI

XXI EL ESCARABAJO DE LA PREPOTENCIA

Más allá de las húmedas praderas del Padre Océano hay una isla elevada sobre las ruinas de la vieja Atlántida que sirve de faro y aviso contra las iniquidades de los hombres. Cuando el sol se eleva por sobre las nieblas de la playa, un ejército de grandes escarabajos negros conquista las rojas dunas de fina arena. Ante la presencia de enemigos se hinchan, aumentando en cinco veces su tamaño, bufan, haciendo resbalar sus antenas por sus ojos, un horrible sonido rítmico y amenazante como los tambores de Baco, abren sus élitros y mueven sus alas con tal frecuencia que lo hacen audible en la distancia. Alcanzado el volumen máximo revientan como una pompa de jabón con un ruido crujiente y festivo, no quedando de ellos más que una pulpa blanca y muerta, utilizada por los habitantes de la isla en sus orgías nocturnas.


José L Muñoz Expósito, abril 2008

miércoles, 2 de abril de 2008

Librería Lello, Oporto.


Al arribar a la ciudad de Oporto el viajero se encuentra cansado, pero sabe que el motivo del agotamiento no es el trayecto, sino la ciudad. Oporto hace honor a su fama decadente, y empeora con los siglos al contrario que sus vinos. La magnitud del puente Eiffel habla de un pasado glorioso convertido en presente histórico para turistas al por mayor. Desde el monumental Ayuntamiento hasta la ribera todo es cuesta abajo, como viene siendo la importancia de la ciudad, que hasta en sus precios hace asequible el lujo para el viajero de la oportunidad. Almorzar en el palacio de la Bolsa no es ya coto privado del hombre de negocios, sólo privilegio del viajero persistente y pertrechado. Una ciudad basada en contrastes que ya no existen tiene la obligación de ofrecer un tesoro escondido para asombro del viajero: la librería Lello se yergue al cabo de una calle menos empinada de lo que cabría esperar, cerca de la torre de los Clérigos que es también atalaya hacia las bodegas al otro lado del Duero. La ciudad está llena de iglesias pero esta es su catedral de libros, y al igual que en los templos donde la vista se centra en las estatuas para no contemplar al dios, en la librería Lello el viajero es incapaz de mirar los libros. Aunque hay profusión de ellos incluso en ediciones de lance, su atención se centra en la escalinata ciclópea, voluptuosa, y a través de ella el viajero asciende al piso superior. Allí arriba, fascinado, vuelve la vista para encontrar una vidriera quebrada por el sol y, bajo ella, tres recoletas mesas de café. Entonces el viajero comprende que sólo en la ciudad de Oporto era posible hallar, aun sin buscarlo, el equivalente grandioso de un lugar extinguido por bohemio y que una vez estuvo en la ciudad fronteriza a la que el viajero, renuente, deberá regresar.

martes, 1 de abril de 2008

De la función de relación, los sentidos y las percepciones, V


V

Siempre pensó que los responsables de marketing de los centros comerciales deberían modificar la monótona letanía –bip, bip, bip- de los productos al pasar por el escáner. Él haría que a una nota siguiera otra, incluso podría formarse la melodía del anuncio de la compañía. En fin, se dijo. Apretujó las bolsas, las atiborró de sus compras, y no con el objeto de ahorrar petróleo, sino por lo mucho que le molestaba cargar con tanta bolsa del garaje al ascensor, del ascensor a casa. Cuando le entregó la tarjeta de crédito a la cajera, se produjo el suceso: sus dedos se rozaron con los de la chica, se miraron, sonrieron. Él le quitaba la ropa lentamente, ella con brusquedad, y se amaron entre dos carros en un parking solitario más allá de la hora de cierre. Eso nunca sucedió, por supuesto, pero el lo imaginó miles de veces y con miles de variantes. Fue la mujer de su vida.

José L Muñoz, marzo 2008