jueves, 20 de diciembre de 2007

Noticia de un breve encuentro en la ciudad


Ha sido una tarde apacible, de fiesta sin festejo, la expectación de ver reunidos a dos pesos pesados de las letras esquivos al oropel: Juan Goitysolo y Orham Pamuk. El título, tan simple como difuso, La Ciudad. El contexto, las relaciones Turquía-España. Podría resumirlo, sin tanta pirotecnia, en Lo Turco: lo extraño, lo infiel, lo del otro lado.
Tras una tan aletargante como innecesaria presentación, JG y OP hablan de lo que saben, de literatura, de ciudades literarias, de la ciudad de la literatura. Ambos coinciden en el placer del descubrimiento paseante, apátrida y desplazado. Ambos son flanneurs, que gustan de medinear, estambulear, y rehuyen lo flamígero y cenital. Se recuerda a W. Benjamin que consideraba que perderse en las ciudades requiere educación y esfuerzo. Y las crónicas parisinas de Baudelaire, el nuevo paisaje del hombre de la multitud. Y los asombrosos descubrimientos de Benjamin sobre Baudelaire y sus ciudades.
Coinciden en el gusto por la construcción y la deconstrucción de la materia, en la lectura personal de las ciudades palimpsesto, esas que se escriben sobre un pasado que perdura y las moldea. Sin ejes cartesianos, se trata de una exploración subjetiva, pero en la que no caben el desprecio ni el olvido.

Orham Pamuk.
El paseante asigna rincones y materiales de su ciudad (a menudo de deshecho) a rincones de su memoria, emociones y experiencias. Es importante usar el contrapicado, deshabitar la calle. La visión del un outsider habilita el acceso a esas parcelas de gozo y dolor con resultados mínimamente satisfactorios. Pero las ciudades no son seres vivos, eso solo es mala literatura. Más bien es la vida la que se mueve en los interiores, las alcobas, los camastros, lo que se dice y queda oculto. El secreto al que sólo se accede mediante la imaginación. No he leído su libro sobre Estambul, su Estambul.

Juan Goytisolo.
Existen dos tipos de ciudades: las que ya están hechas y son perfectas, y las que se hacen y deshacen para rehacerse. Entre las primeras, el Paris de la arquitectura espléndida y las grandes avenidas (hechas así para poder sofocar militarmente cualquier revuelta popular, para la ciudad perdurable). Entre las segundas, Estambul, Berlin, El Cairo, el Sentier. Sólo entiende el porvenir de las ciudades en la mezcla enriquecedora, la contaminación de las palabras y los aromas de las cocinas. Ensuciarse mutuamente para consagrar la alianza de los valores. Celebra la exhibición pública, la expresión sonora, el ruido, la contaminación. Bendice las puertas abiertas, el café turco.

Me gustaría que me gustaran todas estas ciudades. Luego hemos vuelto a casa.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Perlas III


Poe, E. A., "El entierro prematuro"

"Hay momentos en que, aun para el sereno ojo de la razón, el mundo de nuestra triste humanidad puede cobrar la apariencia del infierno, pero la imaginación del hombre no es Caratis para explorar con impunidad todas sus cavernas. !Ay!, la torva legión de los terrores sepulcrales no puede considerarse imagianaria, pero [esos terrores] deben dormir o nos devorarán, debemos permitirles el sueño, o pereceremos."

viernes, 14 de diciembre de 2007

Canción de Hielo y Fuego IV, continuación

Según ha notificado la editorial Gigamesh la fecha de salida es el día 21 de diciembre. La edición será en rústica y el precio 24.95 euros.

Sólo quedan... 7 días.

martes, 11 de diciembre de 2007

No pasarán

Gotas de lluvia se deslizan,

Ya sin ira, al otro lado del cristal.

La tormenta queda en la retina.

El abrazo ardiente de los leños

Y un paladar tan suave como amargo

Parecen atarnos a este rincón.


Es extraño vernos aquí

Lejos del aroma a café barato,

De los juegos de palabras primaverales,

De las máscaras sin tragedia

Que vestimos arrogantes e ingenuos.


Mientras, cae tu voz dócilmente

Exenta de violencia y utopía,

Como un río encauzado.


¿Dónde queda el rumor libre,

Aquel “no pasarán”

Contra el presente autómata,

Contra su sordidez?


“No pasarán”.

¡Qué palabras tan poderosas!

¡Qué lento mantra

En medio de las cifras

Y la velocidad!


“No pasarán”,

Por más que estuvieran pasando

Una y otra vez

Llevándose consigo

Cualquier país para el deseo.


Aunque la historia ya no importe,

Aunque ahora estemos hechos

-Por lo tanto, deshechos-

Recuerdo el lema con nostalgia.


El tiempo me ha vuelto niebla muy tenue.

La experiencia, en vez de llenarme,

Me vació de la verdades de los otros.


Por eso, te ruego un “no pasarán”

Quizás el último,

Pues no apetece lo veraz,

Sino otro ensueño inocuo,

Un lugar donde encajar nuestro anhelo.


Ya sabes que una ficción repetida

Sobre todo cuando es hermosa,

Puede suplantar al recuerdo.

martes, 4 de diciembre de 2007

El convento

Herido por la luz

El convento vive de noche.

Desde este balcón

Puedes asomarte a su sueño:

El claustro siempre mudo

Donde crecen los árboles

Floreados en sangre;

Paredes de ladrillo y cal

Salpicadas de ventanucos

Que anhelan inquilinos;

Un orden de macetas cuidadas sabiamente,

Suelos recién fregados,

Acogedor olvido.

A veces, una mujer cruza el patio

Y nos hace saber que la tiniebla

Sigue ardiendo sin crepitar.


Herido por la rapidez

El convento vive sigiloso.

Muchos de los que también miran

Apartan sus ojos con desagrado.

La escena les evoca

Argumentos de películas de miedo

Y viejos lemas de la revolución:

“La religión es el opio del pueblo”

Mientras, apuran

El último cigarro de hachís.


Herido por las horas

El convento vive presente.

Es el hogar de los silencios,

Del vacío, la voz divina

Que indica el camino más corto

Para llegar a la verdad,

Ese tan alejado

De los que habitamos la otra acera

En este lado de la calle

Donde sucede el mundo,

Donde suceden las formas,

Donde sucede el pensamiento

Y su dolor,

Donde el amor aguarda

Con promesas de piel e intensidad,

Con su embriagadora bohemia.


Herido por la ciencia

El convento vive ignorante.

¿Sabrá de los adolescentes

Que se apoyan ebrios sobre sus muros?

¿O de los hombres sin consuelo

Que merodean el barrio buscando

Su ración de edén venenoso?

¿Sabrá de los joviales anarquistas,

De los gitanos trapicheros

O de los estudiantes?

¿De toda esta juventud sin final

Que nunca rinde su guitarra

Y adorna la tristeza con un blues?


Herido, herido

El convento vive, persiste,

Espera que un día cruce de acera

Y acepte su ofrenda de paz.

Tal vez cuando la pasión sea débil

Y no quede abrigo en las palabras

Ni ficciones para el deleite.

Tal vez en el invierno de esta voz.

lunes, 3 de diciembre de 2007

domingo, 2 de diciembre de 2007

Perlas II


O'Brian, P., "Capitán de Mar y Guerra"

"!A los motones!¡Chafaldetes de las gavias!¡Estrechar amantillos!¡Arriar suavemente!"

Cuando leemos, ¿dónde está el límite entre el esfuerzo y la recompensa?
Me temo que la respuesta sea sumamente personal, y en cada persona, de cada estado vital.