
Acabo de leer Neuromante, diez años después de tiempo (como casi siempre). Recuerdo cuando leí entonces, en aquellos primeros Babelia que devoraba con anhelo, sobre la proclamada "biblia del movimiento cyberpunk"... Hoy día, con algunas lecturas más a mis espaldas, me pregunto si hay para tanto, pero lo que es indudable para cualquiera es el carácter visionario del libro de Gibson.
Hay una leyenda urbana sobre la ininteligibilidad de esta novela, que se atribuye sobre todo a la traducción española (hecha por unos Arconada & Ferreira que la leyenda quiere jóvenes informáticos con pocas o ninguna ínfula literaria, a quienes se les cruza en el camino una tarea imposible que los condena a desaparecer tras esta traducción en un agujero del ciberespacio). Otras teorías apuntan a la impericia de un joven Gibson, o a la búsqueda de un estilo "ciberpoético". Lo cierto es que entre la abstrusa narración, llena de surrealismo voluntario (o no), exotismos ambientales, fetiches anacrónicos y cacharrería futurista y ya polvorienta, se desprende un "algo" que uno no sabe si es mérito o azar, obstáculo o estilo (palabra en adelante clave para el movimiento cyberpunk), pero que resulta fascinante.
Neuromante "es" un mundo nuevo, y como tal ha de resultar extraño y desapacible como ese cielo "del color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto". La mezcla casi consanguínea de lo virtual y lo real da vida a una mitología nueva, un espacio liberador y sin barreras del que Gibson, en un final nada disimuladamente extático, nos insinúa apenas las líneas maestras, toda una geografía por explorar. Al fondo el anhelo de siempre, la inmortalidad, en ese territorio hecho de silicio y sueños, tan permeable a la metafísica, habitado por fantasmas que se agazapan en los rincones vectoriales y apenas texturados de un ciberespacio que ya nos queda añejo.
El tono noir es lo de menos, algo logrado sólo a medias, asesinato imposible incluido. Los personajes son adecuadamente antipáticos, tan "muerte del afecto" que acabas queriéndolos sin remedio. La novela "se habita", y resulta doblemente difícil salir de dentro (al fin y al cabo hay dos espacios de los que escapar, el real y el virtual). Después de Neuromante, Matrix parece (aún) menos original.
Poco importa, pienso diez años después, que el enemigo no compareciera. Cuando nos preparábamos para combatir el futuro, guerrilleros de aula universitaria, Neuromante y todos sus hijos (la mayoría bastardos) nos avisaban del mundo en que viviríamos, urgiéndonos a la acción, a levantar barricadas contra esa ciber-invasión que se nos avecinaba. Hoy la tranquila vida de la provincia sigue pareciendo tan acartonada como siempre, y un halo de decepción se respira entre los restos desperdigados de la tropa, que olisqueamos el aire como a la espera aún de ese fin del mundo (ese apocalipsis digital, tan temido y anhelado) que le daría un sentido a nuestros miedos.
No importa, digo. Lo que importa, y en ese sentido leer Neuromante a estas alturas adquiere otra dimensión, es recordar al enemigo que se recortaba en el horizonte. Como dicen los delfines en Hyperion (el de Simmons, no el de Keats) cuando se les pregunta qué echan a faltar en ese idílico mundo futuro de islas paradisiacas que habitan: extrañamos Tiburón.
Neuromante, como todas las buenas novelas de ciencia-ficción, está plagada de tiburones.
17 comentarios:
Efectivamente, el enemigo no apareció. ¿Existía realmente? ¿O no éramos lo suficientemente postmodernos como para comprender que el enemigo eramos también nosotros? Hubiese sido fácil un mundo en blanco y negro: cyberpunks activistas y comprometidos contra corporativos de pensamiento único. A Karl Marx le hubiese encantado. Pero el futuro resultó ser más complejo, incluso ambiguo: ¿Dónde situar a esos "profesionales autónomos" de los 90 que se educaron en la cultura haker y terminaron siendo directores de pymes, tan capitalistas y explotadores como el enemigo de su juventud? ¿Eran clase obrera cyberpunk o capital megacorporativo? ¿Dónde situarnos nosotros mismo, pues nuestra supuesta resistencia se ha traducido en una casi nula implicación política? Creemos que la última resistencia digna es la de la cultura libre y crítica. Los tiburones de Hyperión, antes de tomar conciencia de su "tiburonidad" se autojustificaban con la misma idea.
Es irrelevante qué revolución, o lo que pase con los presuntos revolucionarios con el correr del tiempo... Lo único relevante, a estas alturas, es recordar que se ha sido revolucionario (aunque sea sólo de salón). La sensación de amenaza latente, el malestar de los 90 expresado en todas las formas de arte, la diversión nihilista y con frecuencia autodestructiva del fin de semana... Son elementos de esa juventud cerrada, en apariencia eterna, de la que no parecía haber escapatoria, que se agotaba y justificaba en sí misma. El shock del futuro sólo fue el "tema" que elegimos para concentrar nuestras fuerzas, por entonces incontables, contra algo. Hace falta crecer contra un enemigo, antes de convertirse en el enemigo.
Lo recuerdo con cariño, cómo no.
Yo también lo recuerdo con cariño. Los 90 son el territorio de nuestra juventud, cuando dimos forma a lo que seríamos en el futuro. Como verás, mis gustos últimamente (ya has leído mi post anterior) también van en la dirección de la reivindicación de lo que fuimos en esa década. Aunque creo hay que vivir en el presente, no se debe de olvidar dónde están las raíces.
Me alegro de que te atrevas a asomarte a los antiguos mitos comunes y salgas de ello sin visiones derrotistas (o al menos EXCESIVAMENTE derrotistas). Eso es buena señal: Ya podemos contarnos sin tragedia.
Un abrazo.
Quizás el enemigo no se ajusta a los sueños (cándidos sueños) de los 90. La realidad se escribe en mala prosa. Y la presunta "cultura haker" no es más que una caprichosa entelequia solo accesible a una minoría privilegiada.
De vuestros comentarios me impresiona la sensación de isla cerrada, de espacio virtual compartido, y ajeno.
Posiblemente el enemigo tampoco se ajusta a vuestras literarias fantasías.
Metralla reventando a cuidadanos comunes en los trenes de cercanías, cinturones de miseria en torno a ciudades inhabitables, adolescentes entre la estupidez y la crueldad extrema, nuevas formas de proletariado, nuevas formas de racismo... ¿quién quiere más enemigos?
Revoluciones de salón, vidas de salón, literatura de salón.
Demasiados salones sin ventanas.
L Malaletra
Touché, Malaletra. Nuestra revolución estaba llena de conceptos abstractos que llenan los libros de sociología y cibercultura, pero que quedan muy lejos de las innumerables trincheras de lo real. Siempre era más atractivo enfrentar un enemigo insidioso, maquiavélico, conspirativo y altamente "narrativo" que el feo y cáotico sinsentido de la vida posmoderna. Fuimos revolucionarios de salón, lo admito.
Hoy eso no importa. Lo que empieza a importar es el recuerdo de lo que se fue, cuando ya se ha dejado de ser. Si eso me encierra en un salón sin ventanas, es mi salón sin ventanas. En él llegan muy apagados los ecos de los portavoces de la realidad, que apenas perturban mi ensimismamiento. Me gusta que sea así.
En cualquier caso la mía era una crítica literaria, en la que como suele suceder se ha tomado la parte por el todo. Me gustaría que se hablara (si apetece) de la lectura que hizo cada cual de este libro, o de otros de este autor, o de otros del movimiento cyberpunk... Estimular el debate literario.
Leí "Neuromante" hace años en una vieja edición de bolsillo de la bien nutrida biblioteca paterna, creo que en Minotauro. Sólo retengo un confuso recuerdo entre la fascinación y el tedio. Es difícil rememorar las aventuras de Molly y Case, el vaquero del ciberespacio, leídas hace unos 15 años. Nuestros neurotiempos no han coincidido Abelenda. Parezco un viejo hablando de la mili. Existía algo distinto en su lenguaje, conceptos que hoy quizás suenen algo rancios... Una ciberoad movie en un universo pixelado. La cifi aguanta mal el paso del tiempo.
Por cierto, se cumplen los 25 años de Blade Runner. Y los 75 de "Brave New World".
[Nota. esta entrada y la de Javi hubiesen sido perfectas para Kritika. Tendreis que haceros mirar algún que otro trauma infantil mal resuelto]
Demos gracias a la gestión horizontal, que tantos traumas ayuda a resolver. Eliminado el "comité de edición", sólo hay que dejar que el ego se exprese. Siempre lo supimos, había que matar al padre.
Bueno va...
Ya está bien chicos, para resolver piques personales seguro que encontráis mejores medios, como los socorridos e-mails. Lo digo más que nada porque los demás no tenemos culpa y nos sentimos un pelín atrapados en medio del torbellino.
Volviendo al tema que nos ocupa, nunca es tarde, Abelenda, para leer el Neuromante, y te lo dice una que aún no le ha echado el diente...
Pero tengo que decir que lo has presentado muy bien, así que es posible que me embarque en sus textos próximamente. ¿Alguien me recomienda una buena edición apuntalada por una traducción correcta y que no me lleve a equívocos?
Por otro parte estoy de acuerdo con lo de que la cifi no aguanta bien el paso del tiempo, quizás por eso no sea un género que me llame mucho habitualmente. Hago una excepción con "La Tierra Permanece", de George R. Stewart, estupenda novela con sabor a naufragio y un protagonista que lucha por reinventarse a sí mismo y por cimentar de nuevo las bases de la desaparecida sociedad occidental. El ensayo es cuanto menos interesante, aunque cierto punto mesiánico catastrofista descoloca de cuando en cuando.
Klyendhar, me temo que la única edición en español de Neuromante es la de Minotauro (quiero decir, hay varias ediciones, pero todas en Minotauro y con la misma traducción y sin notas), así que te tendrás que pelear como hicimos todos nosotros, esforzados pioneros de la ciencia-ficción traducida al español. Anyway, si no te gusta mucho el género, no te recomendaría esta novela, requiere quizá un bagaje previo, un background, un gusto por ciertos fetiches del género. Eso, o mucho esfuerzo.
Comencé a leer en tiempos "La Tierra permanece", y lo dejé a las 100 páginas. No estaba mal, tenía un agradable tono humanista muy propio de aquella ci-fi de los 50, tan teñida de la sensibilidad post-bomba atómica de la época. Pero me lastraba la excesiva preocupación ecologista, por encima de la propiamente humana. Quiero decir, Stewart dedicaba mucha más atención a la descripción de cómo el ecosistema cambiaba con ese "cuasi-apocalipsis" que a la historia de personas reales reaccionando a la catástrofe de maneras verosímiles. Los personajes eran, al menos en esas 100 páginas, acartonados, un mero vehículo para otros intereses con los que no coincidí. Por ahí se me deslizó el interés por la novela, y acabé dejándola. Quizá algún día lo vuelva a intentar.
Un saludo, y gracias por tu comentario. Por cierto, por mi parte ningún pique. Sólo el habitual "caricia-cachete", que forma parte ya del personaje. Que nadie lo confunda con un enfado real.
Sí que es cierto lo de la preocupación ecologista; no obstante, los personajes van ganando a medida que se desarrolla el hilo argumental, dando ciertos giros inesperados en relación a la actitud y comportamientos del protagonista, que también acaba desviándose de los planteamientos iniciales.
Ya sabes lo que significó para mí este libro: llegué a pensar que era el que mejor reflejaba el espíritu de los tiempos. La ciencia-ficción cuenta historias sobre el futuro para hablar del presente en el que se escribe. Neuromante habla de la sociedad post-industrial que se perfilaba a principios de los ochenta y en la que ahora andamos inmersos. La ciencia no ha avanzado tanto como para que nos pongamos ciber-implantes, ni creo que lo haga (la mezcla de cromo y tripas sería poco higiénica). Pero sí nos hemos convertido en algo parecido a ciborgs, utilizando continuamente prótesis electrónicas como el teléfono móvil, el ordenador portátil o el GPS. Al igual que Case, me veo navegando continuamente por la red, buscando información, comunicándome, generándome una identidad virtual en un mundo incapaz ya de ofrecer grandes relatos que proporcionen identidades reales. Los detalles tecnológicos y estéticos que ofrecía el libro se han quedado obsoletos; el trasfondo me parece plenamente vigente.
Creo que ningún libro cyberpunk llegó a tal grado de acierto. Ahora, dentro de las múltiples líneas de ci-fi post-ciberpunk me interesa esa obra de la que me habéis hablado tan bien: Ygdrasil de Jorge Baradit. ¿Puede ser el ciber-chamanismo la respuesta literaria a el neo-barroquismo de Matrix? Habrá que leerla y hacer su debida reseña...
Recuerdo mi lectura de Neuromante, allá en los primeros 90, envuelta en una nebulosa de vaho virtual de la que fluía, aunque escaseara la comprensión del texto, fascinación siempre por un futuro cercano que, por así decirlo, se convirtió en pasado justo en el cambio de década y de milenio. La tumba la cavó Matrix, en el 99, y desde entonces queda todo dicho en el llamado cyberpunk. Dudo mucho que pudiera ahora con Neuromante y con cualquier Gibson (su relato en la antología cyberpunk Mirrorshades era lo único pasable de un volumen atroz), pero en su momento leer Neuromante formó parte de un estilo que se completaba revisitando Blade Runner, jugando a Cyberpunk: juego de rol en un futuro sombrío, y escuchando a Billy Idol (no se ofendan: jóvenes éramos entonces).
Abundando en vuestras certeras observaciones sobre el enemigo y otros escualos, el mundo no es muy diferente a como era en los noventa (en realidad, ha empeorado), quienes hemos cambiado somos nosotros. A principios de la presente década, en mayor o menor medida según cada cual, además de revolucionarios de salón también lo fuimos de pancarta, y de nuevo eso quedó atrás, tanto que parece que nunca hubiera pasado.
Para iniciarse en el cyberpunk yo recomendaría Futureland, de Walter Mosley, el conocido autor de novela negra. En cuanto a calidad narrativa está bastante por encima de la media del subgénero (será porque el autor es un outsider) y además supone una actualización del cyberpunk al nuevo milenio (se publicó en 2001), y es que en cierto modo ya no es cyberpunk, pero se ajusta en gran medida a sus códigos.
Reseña imprescindible en
http://www.bibliopolis.org/resenas/rese0316.htm
No he leído Neuromante.
Mi contacto con este terreno es escaso, pero ha movilizado un disfrute pleno cuando se ha cruzado entre mis "otras" lecturas.
Ya hablamos alguna vez del grato recuerdo de "La mano izquierda de la oscuridad"...
El último contacto ha sido Hyperión -primer libro- este verano. Todavía estallan flamígeros nemátodos en alguna zona de mi cerebro.
El Padre Hoyt y su incorporación del cruciforme es una apertura bárbara.
Los extraños encuentros de Kassad y Moneta a través de portales teleyectores con "..grandes columnas de rubí sólido rasgando las distancias..."
El eco continuo de Keats bajo la sombra vanidosa de Martin Silenus
Y la búsqueda de una bestia que todos llevan en su propio vagaje y tratan de exorcizar en las Tumbas del Tiempo.
Está saliendo flujoespuma del teclado...Tendré que continuar su lectura.
El texto que has escrito me gusta.
Me permito dejar en el espacio un fragmento: "Al fondo el anhelo de siempre, la inmortalidad, en ese territorio hecho de silicio y sueños...."
No he leído Neuromante.
Mi contacto con este terreno es escaso, pero ha movilizado un disfrute pleno cuando se ha cruzado entre mis "otras" lecturas.
Ya hablamos alguna vez del grato recuerdo de "La mano izquierda de la oscuridad"...
El último contacto ha sido Hyperión -primer libro- este verano. Todavía estallan flamígeros nemátodos en alguna zona de mi cerebro.
El Padre Hoyt y su incorporación del cruciforme es una apertura bárbara.
Los extraños encuentros de Kassad y Moneta a través de portales teleyectores con "..grandes columnas de rubí sólido rasgando las distancias..."
El eco continuo de Keats bajo la sombra vanidosa de Martin Silenus
Y la búsqueda de una bestia que todos llevan en su propio vagaje y tratan de exorcizar en las Tumbas del Tiempo.
Está saliendo flujoespuma del teclado...Tendré que continuar su lectura.
El texto que has escrito me gusta.
Me permito dejar en el espacio un fragmento: "Al fondo el anhelo de siempre, la inmortalidad, en ese territorio hecho de silicio y sueños...."
No he leído Neuromante.
Mi contacto con este terreno es escaso, pero ha movilizado un disfrute pleno cuando se ha cruzado entre mis "otras" lecturas.
Ya hablamos alguna vez del grato recuerdo de "La mano izquierda de la oscuridad"...
El último contacto ha sido Hyperión -primer libro- este verano. Todavía estallan flamígeros nemátodos en alguna zona de mi cerebro.
El Padre Hoyt y su incorporación del cruciforme es una apertura bárbara.
Los extraños encuentros de Kassad y Moneta a través de portales teleyectores con "..grandes columnas de rubí sólido rasgando las distancias..."
El eco continuo de Keats bajo la sombra vanidosa de Martin Silenus
Y la búsqueda de una bestia que todos llevan en su propio vagaje y tratan de exorcizar en las Tumbas del Tiempo.
Está saliendo flujoespuma del teclado...Tendré que continuar su lectura.
El texto que has escrito me gusta.
Me permito dejar en el espacio un fragmento: "Al fondo el anhelo de siempre, la inmortalidad, en ese territorio hecho de silicio y sueños...."
Eco?????
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