viernes, 28 de diciembre de 2007

Oda a un monje de las Montañas Tai-Pei


Cuéntase que en las montañas Tai-Pei
reside un monje
que flota, como el perfume,
a trescientos pies del cielo.
En cierta ocasión se ocultó con sus escrituras
en el pico central,
y rara vez pudieron verlo aunque se oía
el repicar de su campana

Con su bastón metálico una vez separó
a dos tigres que luchaban a muerte.
El bastón descansa ahora junto a la ventana.
Bajo su lecho hay un cántaro
que encierra un dragón.
Se viste con hierbas y hojas; sus orejas
le llegan hasta el hombro,
y sus cejas cuelgan sobre su rostro.

Nadie sabe su edad. Pero los verdes
pinos que plantara
no pueden abarcarlos diez brazos.
Su mente es tan diáfana
como el fluir de un río.
Su persona, como las nubes,
no conoce ni el bien ni el mal.

Cierta vez un anciano de Shang Shan
vino a encontrarse con él,
pero no pudo hallar la senda
que conduce a esas inaccesibles alturas.
Este monje desconocido
todavía vive en las Montañas.
Los aldeanos no lo conoce: en vano
miran hacia el cielo azul.


TSEN TSAN (715-770)

5 comentarios:

José L. Muñoz Expósito dijo...

En fin, ¿qué decir?

Y además, del siglo VIII.

Si pensamos (para contextualizar) en el siglo VIII pero de Europa, nos echamos las manos a la cabeza: un continente heredero de las glorias y las mierdas del imperio romano, controlado por el señor feudal, es la Europa de las ínfulas de los carolingios y la conquista musulmana de España. Pa poemas estaba la cosa. Únicamente quedaban los propios sarracenos para hacer poesía del agua y de los pechos de sus huríes. Afortunadamente, quedaban aún doscientos años para los sospechosos trovadores con leotardos en occitania y la corte francesa.

Me declaro un auténtico desconocedor de la historia y la cultura asiática que corresponde a nuestro medievo.

Gracias por la interesante introducción, Malaletra. Dan ganas de seguir.

Anónimo dijo...

Es dificil aprehender tanta realidad en el cielo sin dioses. Ante lo diafano de una poesía tan ....vegetal..., pero sin senderos, prefiero suspender el juicio. Me quedo con el dragón perfumado cobijado en el cántaro bajo el lecho flotante del monje.
Feliz año nuevo a todos.

Anónimo dijo...

No es el sitio, ya lo sé. Y sé que no saldré indemne de tamaña osadía. (Espero no acabar como cátaro, agote o anabaptista; mi piel es mucho más delicada que la de Servet o Bruno).
Pero me resisto a ignorar las recientes palabras de monseñor: la laicidad solo conseguirá destruir la democracia. ¡Acabaramos! El púlpito parece haberseles quedado pequeño (o más bien vacío) a los nuevos cruzados.

klyendhar dijo...

Hermoso poema, tranquilo y diáfano para comenzar el nuevo año. Tiene una musicalidad atemporal, fluída. Prefiero este lento discurrir de aguas en lo espiritual a los lagos estancados o a los rápidos de montaña.

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Hermosos versos, a fe mía. Me sorprende que nuestro particular poeta orientalista no haya pasado todavía a comentarlos.

Me han hecho pensar en un haiku clásico que acabé memorizando:

"Ardió mi casa,
nada me impide ya
contemplar la luna"