lunes, 28 de enero de 2008

El Timbre


Era lunes por la mañana, creo, todo lo más martes, pues la infinita desazón del engarce cíclico de una semana con la otra pesaba sobre mi mente como la muerte propia. Salí de casa con prisa y cerré bruscamente la puerta. La oscuridad más absoluta reinaba sobre el rellano, sólo el diodo rojo y parpadeante del ascensor en uso delimitaba la realidad de la noche eterna. Queriendo encender la luz, apoyé mis dedos sobre el timbre de mi propia casa, vacía a esas horas. Sonó un ding dong reverberado de soledad y ausencia. Cuál no fue mi sorpresa cuando oí pies que se arrastraban de sueño hacia la puerta. Una luz se enciende en el hall, y la puerta se abre.

Allí estaba yo, o él, no sé como decirlo. Me miraba, amplia sonrisa. Yo no sonreía. Él adelantó su mano para saludarme. La estreché con fuerza y él hizo lo mismo. Sentí su mano como en ese juego infantil en el que se cruzan los dedos y tocándote con uno sientes dos. Yo me sentí uno, pero era dos. Y él seguía sonriéndome.

Adelanté otra vez mi brazo para ver si tocaba un espejo, pero el entendió mal el gesto y volvió a cogerme la mano, haciendo que su sonrisa derivara en extrañeza, pero sin perder la alegría de sus ojos. Cuando volvimos a separarnos me hice más consciente de la extraña simetría. Éramos uno desdoblado, dos unidos más allá de la física. Pero creo que en toda simetría hay direccionalidad. Él sonreía, yo no. Quizá porque él continuaba en casa y yo había perdido la mía.

J L Muñoz Expósito, Enero 2008

2 comentarios:

Rebis Dos Mil Siete dijo...

Buen micro-relato con reminiscencias borgianas. El hogar abandonado, guardado por el doble, es nuestra antigua morada llena de libros. Ahora estamos fuera, rodeados de caos, superficies y colores estridentes. ¿Es por eso que tu alter-ego hogareño manteniene su sonrisa?

José L. Muñoz Expósito dijo...

No sé.

Será borgiano, pero el germen del relato va más por la relación entre el mundo físico y las matemáticas: en ellas existe la simetría, en el mundo real siempre hay algo que desequilibra. En el relato estoy dentro y estoy fuera: el de dentro gana.

Un abrazo, Javi.

PD. No hay manera de vernos, no? Será cuestión de olvidarnos de llamarlo Tertulia y sólo lo llamamos Cervezas y quedar, no?