domingo, 28 de septiembre de 2008

Ribera

Difuminado.

De contornos imprecisos

como los álamos, los chopos,

los juncos y los carrizos

de una acuarela triste de ribera,

de una ribera triste de acuarela.

 

Milenarios.

Los sillares hendidos del puente

como soldados, como tumbas,

como memoria y como el dolor

de una marchita primavera sin flor,

de una flor marchita de primavera.

 

Olvidada.

Y cubierta de tierra la mochila

como los huesos, las semillas,

la esperanza y la redención

de una mañana blanca con tu presencia,

de una blanca prescencia de tu mañana.

 

Húmeda.

La huella fresca en el cieno blando

como las heridas, como la sangre,

como la soledad y el miedo

a un ocaso sordo de la memoria,

a la memoria sorda de tu ocaso.


 José L. Muñoz Expósito

Septiembre de 2008

2 comentarios:

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Vaya, no sé qué me sorprende más, que haya una nueva entrada en este blog dado por muerto, o que de repente el cuarto mosquetero se haya lanzado al proceloso terreno de la poesía... En cualquier caso, celebro la intentona.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Publiqué esto casi con afán de diario, con la sensación de que existiría en la red algo que nadie leería... pero con la secreta esperanza de encontrar lectores... Un abrazo, Agus.