Difuminado.
De contornos imprecisos
como los álamos, los chopos,
los juncos y los carrizos
de una acuarela triste de ribera,
de una ribera triste de acuarela.
Milenarios.
Los sillares hendidos del puente
como soldados, como tumbas,
como memoria y como el dolor
de una marchita primavera sin flor,
de una flor marchita de primavera.
Olvidada.
Y cubierta de tierra la mochila
como los huesos, las semillas,
la esperanza y la redención
de una mañana blanca con tu presencia,
de una blanca prescencia de tu mañana.
Húmeda.
La huella fresca en el cieno blando
como las heridas, como la sangre,
como la soledad y el miedo
a un ocaso sordo de la memoria,
a la memoria sorda de tu ocaso.
Septiembre de 2008
2 comentarios:
Vaya, no sé qué me sorprende más, que haya una nueva entrada en este blog dado por muerto, o que de repente el cuarto mosquetero se haya lanzado al proceloso terreno de la poesía... En cualquier caso, celebro la intentona.
Publiqué esto casi con afán de diario, con la sensación de que existiría en la red algo que nadie leería... pero con la secreta esperanza de encontrar lectores... Un abrazo, Agus.
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