jueves, 17 de enero de 2008

Festín de Cuervos


Discute Martin en su epílogo al tomo IV de Canción de Hielo y Fuego si es mejor decir la mitad sobre todos los personajes o decirlo todo sobre la mitad de ellos. Él se ha decantado claramente por la segunda opción en esta entrega.

Esto hace que el tomo sea más una transición que una continuación, con lo que, a mi juicio, el nivel se resiente. El problema, sobre todo, recae en el tempo de la novela. Ya acabó el verano, se acerca el invierno, pero el tiempo se ha detenido en un otoño semicálido donde los acontecimientos más que suceder, se acumulan. A los innumerables personajes de la saga se añaden en esta parte un rosario de nuevas personalidades que, en general, añaden nuevas perspectivas a la serie. Además, ciertas partes de la geografía de poniente, como Dorne y la Ciudadela de Antigua, así como Braavos, que nunca habían sido más que una referencia lejana, pasan a cobrar un protagonismo importante.

No voy a desvelar nada de la trama, sólo me atrevo a señalar los personajes presentes (Cersei, Jaime, Brienne, Sansa (Alayne), Arya (Gata de los Canales), Samwell), y los ausentes (Jon, Tyrion, Stannis, Bran, Danyeris...).

El placer de a lectura ha sido mayúsculo, desde luego, pero si en las anteriores entregas fue de cuerpo 24, esta vez de tipo 12.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entro acelerada por estos parajes solitarios.
Llevo poco leído, no quiero precipitarme en mi impresión.
De momento estoy pegada a la cabalgadura de Brienne: todo un personaje para sentirse bien acompañada en la tibia e imprevisible realidad.