
I
Sentía la taza suave y caliente en la mano; el humo se hacía casi tangible en las volutas de aroma intenso a café sin azúcar. El primer sorbo fue un baño de sabor a trabajo, melancolía y libertad, el segundo, una caricia ardiente en la garganta, que se abrió jubilosa ante aquel líquido selvático y negro. Suspiró y dejó la taza sobre la mesa con mucho cuidado, aún a pesar de que estaba ya apurada. La mujer a su lado alargó la mano y, cogiendo la de él, tanteó sus dedos lentamente, convirtiendo en un instante la extrañeza de dos almas separadas por sus carencias en el conocimiento atávico de sus epidermis. Él sonrío, movió sus muertos ojos y le preguntó: - y tú, ¿desde cuándo sabes que eres ciega?
José L. Muñoz, marzo 2008
3 comentarios:
Qué buena pinta tiene esto... Prosa paladeable, inmersiva, desvelamiento sucesivo y bien pautado de dos personajes atractivos... Y esa pregunta final, abriendo el texto con el matiz de una palabra bien colocada: "¿Desde cuándo SABES que eres ciega?"
A la espera de más...
La trama cambiará, serán relatos independientes, pero sí que habrá unidad en la intención y en el estilo
Me gusta porque es de esos textos cuya última frase te obligan a releer a la luz de la revelación final... y todo ello en unas pocas líneas.
Publicar un comentario