sábado, 15 de marzo de 2008

Lázaro


La noche estaba plena de oscuridades, de monstruos, de cavidades. No había estrellas en la niebla sin luna, nubes más negras que la ausencia de todo se adivinaban en su aciago movimiento y en sus fronteras gaseosas llenas de miedo. Me encontraba plenamente aquietado y temeroso, encerrado y constreñido al abrazo fatal de la inmovilidad. Los chillidos silenciosos de los murciélagos me acompañaban en el febril revoloteo de mi cerebro, que soportaba la tensión horrible de la desesperanza.

Pero acabé concentrándome en mis manos, en la punta de mis dedos. No me era permitido otro movimiento que el roce eterno de una uña con la palma de la mano. Pero ese leve rascado fue mi salvación. Una salud beatífica fue propagándose alegremente por mis brazos, hasta que por fin, cumplidas todas las cosas, desgarré las blancas telas que yo entreví sudario y mortaja, y me levanté, viendo como el sol asomaba ya tras las lejanas montañas para iluminar mi lecho y conciencia.

Nadie me dijo, a no ser yo mismo, Lázaro, sal fuera.

José L Muñoz Expósito, febrero-marzo 2008

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Resucitad este blog ( u otro) por lo que más queráis.... vamos, odk, SAL FUERA!!!

Julio Abelenda dijo...

Estupendo relato, muy en la línea de tus esfuerzos más existencialistas (los más sinceros, nos ha parecido siempre). Del relato mítico se desliza al final una preocupación más íntima, y a la vez universal. Finalmente, el vencer a la muerte es el "happy end", aun con el sabor agridulce de no ser tributario de ninguna divinidad.

Palmadita en la espalda, vaya...

José L. Muñoz Expósito dijo...

Gracias, Julio. Aunque sea un pequeño átomo ionizado en la negrura infinita del cosmos, me he comprometido conmigo a ir publicando aquí lo que vaya saliendo.

Un abrazo perezestradiano.

Rebis Dos Mil Siete dijo...

Me ha gustado. Sólo eso. Una pena que por ahora no pueda acompañarte en tu resurrección.

Un abrazo fuerte.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Javi, estaremos esperando. Siempre puede haber un mañana, aunque a veces parezca imposible. We'll keep on searching our crossroads!

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Muy apropiados el texto y la intención... qué bien que esto vuelva a la vida (y de forma laica, dicho sea de paso jeje).

Aunque el mérito es de vuesa merced, maese JL, sospecho que el detonante de la resurrección fue el encuentro casual que tuvimos hace unos días... siempre el azar...

José L. Muñoz Expósito dijo...

Pues das en el clavo, amigo. Las casualidades no existen, pero son imprescindibles.